La orientación como prioridad.
La señalización interior de edificios y establecimientos intenta evitar la desorientación y la pérdida de tiempo cuando ingresamos por primera vez en un edificio.
Para que la señalización cumpla su papel son necesarios ciertos criterios de legibilidad y ubicación. Los rótulos, además, pueden contribuir a reforzar la imagen corporativa de cualquier centro público.
El objetivo de cualquier señalización es la información. Un buen sistema de señalización es aquel que nos permite orientarnos espacialmente y, de paso, transmite una imagen corporativa de orden y calidad de servicio, lo que se logra con un diseño atractivo y una cuidada ubicación del cartel. Pero lo más importante en una señalización interior es que establezca de forma inmediata el mensaje que se quiere transmitir, lo cual se logra mediante las señales gráficas y tipográficas más adecuadas, según las características de cada caso. Hay diferentes tipos de rótulos: los que ayudan al usuario a desenvolverse en un espacio, los que realzan visualmente el entorno y los que protegen la seguridad de quien los está observando.
En principio, son los propios usuarios los que determinan cuándo una señal es correcta y útil, lo que ocurre cuando se produce una correcta relación entre la persona y el edificio. Existen varios tipos de usuarios: los visitantes frecuentes, los que acuden al lugar en cuestión con poca asiduidad y los que lo visitan por primera vez. Las indicaciones, los rótulos y los carteles están destinados, principalmente, a estos últimos.
Los rótulos pueden ser de diferentes tipos. Los hay orientadores (que sitúan al usuario en un entorno, como los mapas o los planos que te indican dónde estás situado), los informativos (los que presentan, por ejemplo, horarios de apertura o cierre o los directorios en comercios, normalmente situados en las zonas de entrada), los direccionales (que ayudan a una circulación fluida en lugares como aeropuertos o museos), los identificativos (que confirman unos destinos o ubicaciones en concreto, como los carteles de los supermercados), los reguladores (que salvaguardan de un potencial peligro, como los procedimientos en caso de emergencia) y los ornamentales (que embellecen el aspecto de un determinado ambiente, como las placas conmemorativas).
El rótulo necesita del edificio para que tenga un sentido, y el edificio, cuanto más volumen tenga, más necesita de los rótulos, aunque hay que evitar la contaminación visual, o lo que es lo mismo, dar demasiada información sobrecargando de señales un determinado ambiente. Hay que tener en cuenta que lo que el usuario desea es llegar a su destino en el menor tiempo posible, ya que cuando alguien se encuentra perdido en un hospital, por ejemplo, atraviesa un momento incómodo, que le provoca desorientación y le ocasiona una pérdida de tiempo.
El principio básico de cualquier señalización de interior es que debe tener gran definición y sencillez. También debe dar el mensaje que quiere transmitir de la manera más sintética posible, para lo que debe utilizar cualquier soporte que facilite esta tarea.
Otro aspecto que hay que cuidar es la correcta ubicación de los carteles, lo que permitirá potenciar su efectividad. Dependiendo de la distancia a la que el cartel vaya a ser visto puede variar la altura de su colocación, teniendo en cuenta que se debe evitar una desviación superior al 10% del ángulo de visión humana. Para un cartel que vaya a ser visto a distancias menores de 10 metros, la ubicación ideal estará entre 1,5 y 2,5 metros de altura. Cuando la distancia entre la persona que observa y la señal es entre 10 y 15 metros, el cartel debe ser mayor de un metro de largo por un metro de alto. En cambio, los letreros que se sitúan en una altura superior a un primer piso deben estar iluminados mediante focos, estar fabricados en un material traslúcido o bien contar con iluminación interior.
Otro aspecto a tener en cuenta es el tipo de letra a utilizar en los carteles. Las empresas suelen utilizar la tipografía corporativa en todas sus señales para realzar la sensación de imagen corporativa. Una combinación de colores ampliamente utilizada es el rojo como fondo y el blanco para la reproducción del símbolo, la marca o el texto, o bien el universal blanco y negro.
Las flechas, por su parte, son una señal direccional de gran importancia. Según la inclinación de su eje se presentan en horizontal, vertical o formando un ángulo de 45 grados. Se indican así los cuatro sentidos: arriba, abajo, derecha e izquierda.
Los pictogramas, en cambio, son señales muy visuales y de gran eficacia. Es importante que sean lo suficientemente explícitas, para que puedan ser comprendidas por públicos de distintas culturas y diferentes idiomas. Aunque la combinación de colores es muy personal, hay que tener en cuenta que determinados pictogramas, como los que reflejan un fuego, tienen su propio código internacional, que en este caso sería el color rojo. Además, algunas señales, como las que indican la presencia de extintores, exigen materiales, diseños y medidas establecidas en la legislación vigente.
Las señales de dirección deben situarse en lugares estratégicos para dar continuidad al recorrido de una persona hasta el lugar que busca. Su fijación puede ser a la pared, en banderola o colgando del techo. Si van fijas a la pared su altura no debe ser menor de 1,70 metros ni superior a 2 metros con respecto el suelo. En cambio, si van en banderola o colgadas del techo, su límite inferior no debe bajar de los 210 centímetros, ya que la gente debe pasar por debajo de ellas. Por último, los rótulos o letreros que identifican un servicio o un departamento pueden situarse en la pared o en banderola, pero siempre junto a las puertas, ventanillas, mostradores o mesas.
En cualquier caso, lo mejor para señalizar un edificio, tanto público como de uso privado, es consultar con los profesionales del sector, que son quienes mejor pueden orientar al respecto.